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Algo más tenemos que hacer

La arquitectura es una práctica que te invita constantemente a un ejercicio reflexivo del lugar y sus dinámicas. Esto es, pensar y repensar el ejercicio desde la localidad.

“Algo no estamos haciendo bien”, era la conclusión que nos quedaba tras largas conversaciones sobre la ciudad. Después de más de dos décadas proyectando y poniendo ideas al servicio de la mejora urbana a través de la arquitectura parecía que nuestras intenciones iban en un sentido y las dinámicas de la ciudad iban por otro.

Nos atrevemos a sospechar que este no es un sentimiento aislado. A pesar de que las canciones y los diarios canten una ciudad ideal, todo aquel que haya pensado, reflexionado o vivido la ciudad debe compartir el mismo sentimiento de inconformidad. Este nace de la frustración profesional ante la insuficiencia del esfuerzo de colaborar en el alcance de los niveles de bienestar común de la ciudad y sus ciudadanos. Un sinsabor que se traduce en una creciente postura crítica con respecto hacia dónde vamos y lo que somos como ciudad.

Pero la inconformidad en sí misma no genera cambios. Entendimos que era necesario accionar. Y la misma conclusión de aquellas conversaciones de pronto se convirtió en un llamado a la acción: “algo más tenemos que hacer”.

Las ideas y reflexiones detrás un proyecto cultural hecho libro

Así surgió la esencia de un proyecto editorial y cultural que denominamos Maracaibo Transversal: un empeño en buscar soluciones y propuestas para una mejor ciudad, desde la diversidad de miradas y pluralidad de voces. Un accionar más ambicioso, interactivo, multidisciplinar, que rebase nuestro ámbito de influencia y que permita la confrontación y concurrencia de conocimientos diversos y especializados.

Hoy más que nunca es necesario diseñar herramientas interdisciplinares, interinstitucionales e interescalares que nos puedan poner en marcha un cambio en la ciudad. Después de todo, hacer ciudad es una tarea común y no sólo de unos pocos. Si apostamos por la negociación urbana para el beneficio colectivo, estableciendo diálogos con diversos sectores de la sociedad, podremos mezclar la razón y la pasión humanas para vislumbrar y promover nuevas representaciones urbanas.

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Son muchos los autores que sostienen que la ciudad es el mejor invento del hombre. Quizá nadie lo ha argumentado mejor que el escritor Juan Filloy cuando afirma:

“La vida social auténtica nació en la ciudad no en la caverna búsqueda del bienestar de todos. primitiva. […] de trogloditas y cavernícolas no han quedado más que unas cuantas pictografías en el mundo, pero del hombre de la ciudad quedó todo cuanto pueda computarse como útil y hermoso”.

Pretendemos que al final podamos entender que Maracaibo no debe ser identificada o valorada solamente por sus atributos naturales. Ellos no representan nada más que singularidades geográficas que deberían servir de marco al paisaje realmente importante: el paisaje urbano, el paisaje cultural.

Hay que rescatar la ciudad que preserva lo que hicieron y hacen sus ciudadanos, que conserva y crea espacios y edificios que encierran e irradian su cultura única. La ciudad que muestra con orgullo el patrimonio y autoestima de una comunidad que aprende a convivir e interrelacionarse en la búsqueda del bienestar de todos.

Tras 488 años, aún queda mucha ciudad por hacer.